A lo largo de mi vida, he enfrentado múltiples pérdidas, demasiadas para mí gusto, pero como todo en la vida es algo que no controlamos: la muerte de mis padres a mis 22, la de dos primos y la de todos mis abuelos que tuve la suerte de poder disfrutar cada una en su forma y a su tiempo, el no retorno a mi país desde 2014, pérdidas gestacionales, trabajos, amigos y parejas. Cada una de estas despedidas ha sido un golpe difícil, pero también un recordatorio constante de que más es permanente y puede llegar de la forma más inesperada posible.
Yo he titulado a los momentos de duelo como mis “Dosis de Realidad”. Me ha obligado a mirar de frente lo que de verdad importa y a tomar decisiones que había aparcado por miedo, comodidad o simplemente porque pensaba que no eran importantes o que tendría más tiempo.
Para mí, el dolor se convierte en claridad. Debo reconocer que esta visión la gané con años y años de terapia, lectura, reflexión y compresión.
Cada pérdida ha sido una lección. Cuando fallecieron mis padres, entendí que la estabilidad no está garantizada y qué el concepto de hogar son la personas, las circunstancias y tu entorno. No hay que replicar lo que tenías, si no saberte y sentirte a gusto. Al decidir no volver más a mi país hace 11 años, vender la casa donde crecí y el campo donde fui feliz como niña, reforcé mi concepto de que hogar no es un lugar físico, sino la gente y las experiencias que construimos. Perder trabajos y relaciones me enseñó que nuestra identidad no está atada a un título ni a una persona, sino a lo que aportamos al mundo y al cómo lo aportamos. Por esta razón a veces soy bastante intensa con el propósito final del proyecto al que he dedicado un tercio de mis 24 horas, qué , con quién, el cómo y cuál es el resultado de mi trabajo, quién se ve beneficiado por ello.
Decidir con intención Las pérdidas me han empujado a tomar decisiones con más intención. Aprendí a priorizar lo que realmente me llena, en lugar de lo que simplemente "debería" hacer. Dejé de aceptar oportunidades que no alineaban con mis valores y empecé a buscar proyectos y comunidades donde realmente pudiera aportar, en otro post también explicaré que este valor viene arraigado a mí crianza.
En mi carrera, esto significó dejar caminos predecibles para explorar nuevas oportunidades en la tecnología, la gestión de comunidades y la mentoría. También significó aprender a decir no sin culpa y a valorar mi tiempo como un recurso limitado y valioso.
Reflexión para quienes enfrentan cambios Si algo he aprendido es que el cambio es inevitable, pero la forma en que lo enfrentamos define nuestro crecimiento. El duelo nos da la oportunidad de reestablecer prioridades y tomar decisiones que reflejen lo que realmente valoramos.
Así que te pregunto: ¿Qué decisiones has postergado por miedo o inercia? ¿Qué cambiarías si vieras tu tiempo como el recurso más valioso que tienes?
Me encantaría leer tus reflexiones en los comentarios.